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Ronny

“Mi diagnóstico fue una verdadera casualidad. Ocurrió cuando le dije a una enfermera que había perdido peso.”

La historia de mi diagnóstico es muy rara, porque ocurrió cuando acudí a la consulta anual a una clínica del asma. Siempre he sido un poco asmático, pero el asma no me ha impedido seguir con mi vida y mi rutina. Visito la clínica una vez al año y conozco a la enfermera del asma, la veo cada año y durante esa sesión de revisión médica solemos platicar de cosas generales y ella me suele preguntar sobre mi vida, mi estado de salud general y otras cosas por el estilo, y al final siempre suele haber un ‘¿Qué más?’

Ese día no tenía planeado comentárselo, y sólo le dije: “Creo que estoy un poco más delgado”.

Y ella preguntó: “¿Te has sometido a una dieta o un régimen para bajar de peso intencionalmente?” “No”, contesté. Ella propuso: “Bueno, sólo para estar totalmente tranquilos, hagamos algunos análisis de sangre”.

Una de las pruebas (la hemoglobina) salió muy baja. Así que ella me pidió repetirla para asegurarse de que no fuera un error… y otra vez salió baja. Así que me llamaron para ir a ver al médico general inmediatamente, y con la cita ya agendada pensé: “¿qué está pasando aquí?”

Cuando entré a su consultorio me dijo: “No esperaba yo que un hombre que se ve tan bien viniera a mi consultorio, pero tenemos estos resultados de hemoglobina”. Y me dijo: “Para mí que hay signos de anemia por deficiencia de hierro. Así que voy a enviarlo a una clínica de anemia”. Le dije que me parecía bien. Y me fui sin pensar que estuviera pasando algo grave.

Posteriormente volví a la clínica un mes después. Mientras tanto me fui de vacaciones a Barbados durante dos semanas, pero al regresar a la clínica me encontré con que de nuevo estaba citado para el mes siguiente. De repente me dije: “No necesito esto. Debo tener esa cita antes, no hasta dentro de un mes. Debo saber qué tengo.”. Entonces súbitamente recordé que podía recurrir a mi seguro de gastos médicos de la compañía donde trabajaba. Así que llamé y le pedí al médico general que me canalizara a un especialista en ese tema, y me dieron una cita para dentro de las 48 horas siguientes.

El especialista sospechó inmediatamente de cáncer o algo grave, puesto que me envió a realizar una tomografía computarizada. Y desde entonces se desencadenó una serie de eventos hasta finalmente me hicieron una biopsia de hígado y me enviaron a consultar a un oncólogo, quien me dijo que tenía un tumor neuroendocrino metastásico.

Cuando recuerdo cómo me sentí en ese momento, imaginarás lo que me vino a la mente entonces, si entiendes lo que estoy diciendo, porque estaba yo totalmente impactado. Creo que hubo un poco de negación de que realmente tuviera cáncer, y a veces reviso mis imágenes del diagnóstico y las veo, busco palabras para lo que ahora entiendo y digo: “Caramba, definitivamente sí tenía cáncer”.

“Así que hubo algo de negación y también hubo enojo Y ¿sabes qué fue lo gracioso?: el enojo fue porque tenía yo mucho trabajo y esto iba a afectarlo. Son sorprendentes las cosas en las que piensas en ese momento; sólo quería decir: “Haz lo que tengas que hacer, arréglalo para volver al trabajo”. Tenía tantas cosas por hacer.”

Ésa fue una de las razones por las que me lancé de nuevo al trabajo, para tratar de desviar mi mente; pero, viendo en retrospectiva, quizá debí haberme dedicado más a pensar en mi propia estrategia personal, en cómo iba a lidiar con esto, plantearme la forma de enfrentarlo. Así que finalmente tuve que afrontar mi realidad.

Ahora que he estado viviendo con la enfermedad por algún tiempo, obviamente he aprendido mucho sobre mi padecimiento en sí, cómo me está afectando, cómo podría afectarme en el futuro, y por tanto, soy un paciente muy proactivo. Me informo, llevo un diario sobre todo lo que está sucediendo, empezando por cómo dormí, para ver si eso me está causando fatiga; anoto lo que como, para ver si se afecta la actividad intestinal; si he hecho algo de ejercicio, cuál es mi peso, ¿está cambiando? Pensándolo bien, con eso del peso empezó todo mi diagnóstico. Así que estoy atento a ello, y estoy contento con mi peso en este momento. Realmente peso menos de lo que pesaba cuando me diagnosticaron. En realidad, tengo el peso correcto, no es que tuviera sobrepeso, siempre he sido un poco flaco.

“Y por eso soy muy, muy proactivo ahora y mi diario me ayuda a dar seguimiento a todo, y si llega al punto en que creo que hay algo que requiera atención, pues busco ya sea a mi médico general, si creo que puede ayudar, o a mi oncólogo para que el equipo multidisciplinario opine y evalúe mi situación. Y eso está funcionando porque mi médico general es muy útil, como una caja de resonancia en asuntos que pueden no ser y en la mayoría que sí son propios de todas las personas que llegan a mi edad. Lo aprovecho como caja de resonancia para asegurarme de que realmente esté llevando un registro de todo lo que me sucede y que pudiera estar relacionado con el cáncer o con mi tratamiento ”

Igual con mi oncólogo, no me guardo nada y le comento de cada cosa nueva inesperada que me sucede. Por ejemplo, en una de las consultas le dije: “Mira,  tengo un bulto aquí [con las manos en la garganta], ¿qué está pasando?” Y entonces inmediatamente él identificó la seriedad de la situación y me mandó una resonancia magnética para verificar. Así que, ya ves, estoy manejando esto proactivamente e insto a mis médicos a fijarse en los problemas que van surgiendo. Algo que quizá debí haber hecho antes del diagnóstico y que pudo haber adelantado el diagnóstico.

Algo que aconsejo a todos los que buscan un diagnóstico y si tienen síntomas, es tomar nota de ellos y ver si se relacionan con algo más que lo esté causando, para después dar esa evidencia a su médico general,  y no hacer lo que yo hice: simplemente ignorarlos por estar muy ocupado en el trabajo.

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